Por: Abdul Cuervo Rojo
Vía www.lapatilla.com
Entre las lomas y senderos
de Medellín, una pelota rueda libremente y también, de manera salvaje y rápida,
el sólo hecho de que alguien la alcance habla mucho sobre esa persona. Se debe
ser veloz y un poco intrépido, no temerle a las caídas y menos, a las heridas.
Sólo unos pocos tienen la virtud de hacerle par a estos balones. Antonio “Toño”Ríos es uno de ellos, corre como loco tras ellos, se cae y se lastima, pero los
alcanza. Esto permite que se pula su velocidad y técnica, algo anhelado en el
fútbol.
Toño, como muchos jóvenes
adeptos a este deporte, lo juega día y noche. Pronto pasa de ser un juego a una
profesión. Empieza en Telsa, un equipo dirigido por el argentino Marcelo
Juárez, central del Medellín y que jugó en la Copa Libertadores. Sus gambetas y
velocidad despiertan el interés de Humberto “Tucho” Ortiz, director técnico de
la Selección Antioquia, pero Toño es poco lo que participa, es un sin nombre en
el fútbol colombiano, pero su oportunidad pronto llegaría. Es contratado por el
DIM en 1973 y sólo por nombrar un dato curioso, compartió banco con José Nestor
Pekerman.
En el equipo paisa, es poco
lo que juega, hasta que a mediados de septiembre, participa de manera activa y
anota su primer gol ante el Once Caldas. Lo curioso del asunto, es que este gol
lo catapulta a ser jugador de esta escuadra y en un futuro, convertirse en
ídolo al marcar 60 goles en 310 partidos, algo sorprendente si se tiene en
cuenta la calidad del balón y lo difícil de los terrenos en los diferentes
estadios del país.
Aunque tanta idolatría
empezó a alterar el pensamiento de este jugador, la fama conlleva a obtener
beneficios económicos, riquezas por así decirlo, esto es algo perjudicial en
alguien que tiene nula educación. En palabras más, palabras menos, la vida
fácil entra en su vida. El alcohol permea en su pasión pero no en su éxito futbolero.
Las bebidas entran en su organismo y lo recorre con total tranquilidad a través
de su boca y venas, lo único que lo detiene a la hora de beber es el perder la
conciencia al momento de tomar.
A mediados de 1978, Toño es
convocado por la Selección Colombia, y allí, por su velocidad y regateo es
donde logra que su nombre sea mencionado por grandes medios, Colombia le gana
al Nothingans Forest 5 a 1, donde él es partícipe de tres goles. También, hace
lo suyo en un partido contra el Cruzeiro. Aunque no sentía con aplomo el peso
de la camisa del seleccionado patrio, pero fue en 1982, durante las
eliminatorias al mundial de España, donde maduró un poco más como profesional
en las canchas, por fuera de ellas era otra la historia.
Entre 1983, pasa del Pereira
al Cúcuta, pero en ninguno de los dos equipos logra hacer que su nombre brille
como antes, pasa sin penas ni glorias estos años y esto motiva que piense su
retiro seriamente. Lo habla con su familia, aunque la misma está un poco acabada
de tantos problemas generados por el trago. Se cree que esto fue lo que
desencadenó el fin de la carrera del Toño Ríos, no su falta de fútbol, porque
de eso tenía para rato, sino, por los males físicos ocasionados por el alcohol,
como mareos y síndrome de abstinencia, aunque también se incluyen los
personales, esto casi destruyó su familia, bueno, parte de ella se quedó con él,
como lo son su esposa, hijas y madre, otra parte se mudó para los Estados
Unidos.
El Toño de ahora, un abuelo
que vive en Castilla, junto a su esposa, madre, hijas y nietas. Es poco lo que
habla, mucho menos lo hace su esposa, está al tanto de lo que puedan hablar de
él. Son reservados como familia y de su pasado no hablan, no murmuran, y antes
alejan a quienes quieran hacerle un trabajo periodístico. Quieren cerrar ese
pasado porque piensan en lo que pudieron ser en el presente. En realidad, es
poco lo que se puede hacer ante este gran futbolista, que quiere pasar de
incógnito en su morada, vivir sus días como un abuelo más, uno que juega con
sus nietas, uno que a simple apariencia no demuestra ser lo que fue ni los problemas
que tuvo. Quiere ser eso, un deportista olvidado.

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